Dedo pulgar de la mano izquierda con una herida leve que se puede tratar con Vibac.

En ocasiones, las heridas que nos hacemos al lesionarnos son demasiado aparatosas aunque no sean tan graves, por lo que necesitamos conocer las diferencias entre una herida leve y una crónica para saber tratarlas.

Sus características son muy particulares así que esperamos que al terminar de leer esta nota, puedas reconocerlas.

  • HERIDA LEVE O AGUDA

Una herida leve o aguda es aquella que se cura a sí misma gracias a un funcionamiento adecuado de sanación y cicatrización, en aproximadamente 3 o 4 meses.

Hay varios tipos de heridas leves o agudas, siendo las más importantes las siguientes:

* Herida por punción a través de un instrumento de punta (picahielo, cuchillo, agujas, tijeras).

* Herida por incisión con un instrumento cortante. Este tipo de herida puede ser intencionada por ejemplo, que se derive de una cirugía.

* Herida por abrasión causada por fricción en la piel, que termina en raspaduras y excoriaciones.

* Herida por contusión producida por un golpe, provocando inflamación o moretones.

* Herida por laceración producida por un objeto que desgarra el tejido como vidrio o alambre de púas.

 

  • HERIDA CRÓNICA

La principal característica de una herida crónica es que no se cura por sí sola en los 3 o 4 meses que se considerarían saludables, ya que hay una incapacidad fisiológica para lograrlo.

Por lo general, esta herida está contaminada de gérmenes que hacen más complicada su recuperación, por lo que es necesario intervenirla para eliminar el tejido dañado.

Las heridas crónicas se dividen en:

* Úlcera, área del cuerpo en la que se pierde piel o mucosa debido a una infección, alergia o factor físico o químico.

* Úlcera varicosa o venosa, herida causada por problemas en la circulación sanguínea, en las venas o por la aparición previa de trombosis.

Al principio se ve como un moretón pero con el paso del tiempo, se convierte en una red de venas color morado que terminan en una herida abierta.

* Úlcera cutánea, lesión en alguna parte del cuerpo en donde se va perdiendo piel y tejido de manera profunda. Cuando cicatriza, el tejido cierra pero no recupera volumen.

* Úlcera arterial debido a la obstrucción o falla en la circulación de la sangre por medio de las arterias. Las partes del cuerpo que se ven más afectadas son en las que no hay músculo o grasa que cubra los huesos, tales como los codos, rodillas, muñecas, talones, entre otros.

Los pies, entre los dedos de los pies, el extremo de los dedos, talón o plantas del pie, son zonas que también se pueden dañar.

* Úlcera por presión que se desarrolla cuando una persona está mucho tiempo en cama o en la misma posición. Las zonas afectadas, al igual que en la úlcera arterial, son en las que los huesos están más cerca de la piel como tobillos, talones y caderas.

* Úlcera por pie diabético. Una consecuencia de la diabetes es que los vasos sanguíneos se van haciendo más estrechos y el flujo de sangre va disminuyendo; poco a poco se van deteriorando los nervios, casi no hay sensibilidad y la anatomía de las extremidades, en este caso del pie, se deteriora.

Por lo anterior es que las personas con pie diabético pueden sufrir heridas graves sin sentir nada y desarrollan úlceras cuya curación es lenta y difícil.

 

Recuerda que el tratamiento para una herida aguda o crónica dependerá mucho de su profundidad y nivel de complicación, por lo que es recomendable ir a un médico especialista que pueda hacer un diagnóstico adecuado.

De cualquier manera, VIBAC30® puede funcionar como tratamiento para eliminar bacterias y demás microorganismos que se puedan desarrollar en cualquier herida, así que no dudes en usarlo.

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